Por: Luis Enrique Pérez Pinto.
El periodismo condicionado a los grandes intereses.
Los medios de comunicación son empresas y sus productos son las noticias. Pero no son cualquier tipo de empresas y sus empleados no son cualquier tipo de trabajadores. Los periodistas nos regimos por la ética, independencia y objetividad (aunque esta no existe o no se quiere usar).La labor principal de un medio es informar, la sociedad necesita y merece estar bien informada para forjarse una opinión. Y los periodistas tenemos el derecho de informar en primer lugar y permitir que la sociedad adopte una determinada opinión. Esa es la línea divisoria entre la libertad y la manipulación, delito tipificado explícitamente en el Código Penal.
El papel de la prensa es hacer que el público emita un voto informado y fundamentado, eso es una labor loable y admirable, pero aquellos periodistas que emiten una opinión veraz son muchas veces absorbidos por la llamada línea editorial que se modifica y acomoda según sea la coyuntura, y en el caso de las elecciones presidenciales, con la presencia de dos candidatos que generan dudas en parte de la población, muchos de los medios de comunicación, sobretodo los gigantes y más añejos, ya empiezan a parcializar sus opiniones.
Eso es completamente normal en tanto los medios de comunicación en cualquier parte del mundo toman partido por un candidato en quien encuentre algo en común. Los dueños de los medios opinan en la editorial y por cierto que tienen un enfoque de los acontecimientos. Pero los medios no pueden convertirse en prensa partidaria, subordinar su rol de informar todos los puntos de vista y demás matices. Eso es lo que hace El Comercio y Canal N, así como el conjunto empresarial de dicho grupo.
La prensa peruana vivió tiempos en que se les convirtió en títeres de los que tuvieron el poder. En los 90`s por ejemplo sí se atentó contra la libertad de expresión, es más se extralimitó; por ejemplo intimidando a los periodistas opositores y hasta eliminándolos como a Jaime Ayala en Ayacucho. Al mismo tiempo se violentó la libertad de expresión y la libertad de prensa comprando las líneas editoriales de un gran número de medios masivos. La libertad de prensa se vulnera cuando solo se da licencia de funcionamiento por motivos políticos y no de necesidad social y técnica; cuando la Ley de Radio Y Televisión permite que los propietarios no tengan ningún control estatal de ningún tipo; cuando el Estado coloca publicidad de acuerdo a criterios de apoyo oficialista o promoviendo la autocensura; cuando el Estado encarece los costos de los insumos tecnológicos (chips, repuestos en radio y televisión, el costo del papel periódico importado, etc.). Bajo la consigna de libertad de expresión, se manchaban honras, se llenaba de basura mediática a la población y así se encubrían los actos de corrupción del gobierno de Alberto Fujimori y su asesor Montesinos. Y a los periodistas que se opusieron a mal informar los echaban de sus trabajos sin darles razón, simplemente por no claudicar ante los dueños de esos medios.
Y hace solo unos días, el 21 de abril del 2011, volvimos a experimentar un golpe a la prensa de quienes enarbolan la bandera de la libertad de expresión y dicen hacer periodismo. Patricia Montero, productora general de Canal N y una de las fundadoras de ese canal que nació en los momentos más duros de la dictadura fujimontesinista para luchar y mostrar los actos de corrupción a través de los vladivideos, fue despedida sin motivo alguno por los altos directivos del Grupo El Comercio, dueño de la mayoría de activos de ese canal, igual suerte corrió José Jara, productor de esa misma televisora. Todo hace suponer que fue porque no se unió a la opinión del grupo que apoya sin ningún reparo y sin importar la historia reciente a la candidata del fujimorismo Keiko Fujimori.
Ambos semanas antes de su despido eran constantemente asediados por los altos directivos del grupo, así lo confirmo Patricia Montero en una entrevista al ‘elmundo.es’: “En las últimas tres o cuatro semanas los periodistas de ambos canalessufrimos la presión de los dueños del grupo. No hay una directiva escrita, pero sí ha habido insinuaciones y presiones de llevar una línea editorial de apoyar a Keiko Fujimori“, “Nos presionaban para ser anti-Humala y no dar información sobre ese candidato. Nos acusaron de humanizar a Humala y por lo tanto de haber contribuido a su triunfo en la primera vuelta”, explicó.
Además, agrego que en las entrevistas que le hacían a Humala o a su entorno recibían llamadas para darme menos tiempo al aire. “Cuando entrevistábamos a Humala nos llamaban inmediatamente por teléfono para no darle tanto tiempo al aire. Cuando entrevistábamos a alguien de Fujimori nunca nos llamaban”. Y concluye, “quieren tener el control de los dos canales con el fin de asegurarse de que no gane Humala“.
En tanto José Jara, quien fuera productor del programa “De 6 a 9” en Canal N, afirmó que el canal se esta fujimorizando. “La actual directiva es ‘fujimorista’. El canal se está ‘fujimorizando’. Todo el mundo lo sabe. Martha Meier Miró Quesada fue candidata del fujimorismo al Congreso años atrás”, recordando que Meier, quien es una alta directiva y además es columnista del diario El Comercio, fue candidata al Congreso en la versión fujimorista ‘Perú 2000’ en las elecciones generales de ese año.
¿Pero es posible esto en tiempos en que tanto se defiende la libertad de expresión? ¿Es que acaso solo existe la libertad de expresión cuando le conviene a los dueños de las líneas editoriales? Pues esto parece que sería la triste realidad. El grupo más poderoso e influyente del Perú se vistió de naranja y a prestado su línea editorial en un total apoyo a la candidatura de Keiko Fujimori, y sus diarios (El Comercio y Perú 21) se dedican exclusivamente a atacar al candidato Ollanta Humala, atentando así contra la pluralidad de la información. Y para hacer efectiva esta premisa están en marcha los despidos de los periodistas que buscan una cobertura equilibrada entre ambas candidaturas de segunda vuelta. A los periodistas se les paga por informar y trabajar sobre los hechos y no por lo que le dice el editor.
Esto solo desprestigia al periodismo nacional y empobrece nuestra democracia que vamos construyendo de a poco, donde el único perjudicado, gracias a la información sesgada y opiniones tendenciosas, serán los lectores electores.
Se avecina un oscuro panorama como en el antaño fujimorista.
¿Seguirán más cambios –despidos- por “el bien del país” en el grupo ‘periodístico’ más poderoso?

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